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LA OPINIÓN. Proyecto para volver a ser grandes |
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Escrito por Shadi Siblini
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Siempre suelo preguntar en las entrevistas que he realizado ya fueran a jugadores, entrenadores, miembros de la directiva o con cualquier persona vinculada de manera directa al club acerca de aquellos elementos que son indispensables para construir un equipo grande con todo lo que conlleva su significado. Y esta reflexión se hace a sabiendas de que es una pregunta que sobrevuela por las cabezas de todo aficionado que se da cita en San Pablo y en su extensión hacia el público en general del baloncesto sevillano.
En esta tesitura las variables son muchas pero supeditadas a un todo que se condensan alrededor de una idea básica y razonada en ocasiones de manera casual y en otras de forma premeditada. Todo el mundo coincide en la teoría de que esta temporada existe un alto porcentaje de mejoría con respecto a unos años anteriores en los que la irregularidad y la tendencia a arrastrar complejos que parecían haberse inculcado en el estado de ánimo que circunstancialmente incitaban una vorágine de cambios continuos hacia todas las direcciones y ninguna al mismo tiempo. Esa forma de actuar impulsiva es precisamente lo que este año se ha cortado de raíz.
Nada se ha dejado al azar y todo parece que ha sido estudiado deliberadamente desde los cimientos en líneas generales. Es verdad que se han cometido equivocaciones tras arriesgadas apuestas de futuro que en un principio resultaban atractivas e ilusionantes (véase Ager) y también inesperadas manchas negras en cuanto a repartir responsabilidades y tener en cuenta ciertas reservas a la hora de cerrar y haber tenido una mayor habilidad en el manejo de dudosas situaciones que se han vivido y han podido hacer mella en el rendimiento colectivo del conjunto (el extraño 'caso Asselin'). Si bien hay que tener en cuenta la capacidad de reacción tras los infortunios, es justo decir en el mismo grado de proporción que la sensación que flota en el aire es de que se está jugando al límite de la capacidad de cada uno de los jugadores. ¿Y todo ha sido subsanado? ¿Cuáles son las causas de que tales errores no pasen tanta factura?
Pues porque hay cuerpo técnico encabezado por un visionario que sabe lo que quiere a corto, medio y largo plazo en la medida de sus posibilidades, que ha sabido encontrar la pócima que cree un estilo identificable en el que se crezca desde la defensa como la mejor filosofía de ataque para ganar partidos. Porque se han juntado a la vez en el espacio-tiempo un grupo compacto de jugadores comprometidos que no sólo se miran a los ojos durante los entrenamientos, sino que se preocupan de mantener una relación fuera de las canchas de juego (me sumo pues en reivindicar el texto de mi compañero y amigo Víctor Navarro en su artículo de eldesmarque la renovación sí o sí del pastor Plaza y Kirksay como jugador-franquicia). Ya no hay un quinteto que se recuerde de memoria, sino una plantilla entera. Porque la gente que acuda al Palacio de Deportes vibre y se sienta orgulloso de que sus colores sean defendidos por aquellos que lo portan hasta dejarse la piel y llegue el día que no se vean asientos vacíos en él. Como antaño en tiempos de Petrovic e Imbroda.
Porque hay infraestructura y hechuras suficientes, una directiva que se quiere consolidar y humildad mezclada con el hambre necesaria para no querer pasar por la ACB como un equipo más de la clasificación y preparar el camino para algún día hacer algo grande de verdad. El futuro se construye desde el presente y sin lanzar las campanas al vuelo se puede decir... que el Caja está en ese camino aunque ya se conoce ese dicho de que lo difícil no es llegar, sino permanecer. El tiempo quitará y dará razones, pero por el bien del Club Baloncesto Sevilla, esperemos que sean para bien.
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